felipe cutillas turpin

Aburrido de Facebook

Aburrido de Facebook

He cancelado mi cuenta de Facebook. Y también la de Instagram.

No es la primera vez que lo hago. La última fue hace unos tres años. Y antes de eso, desconecté también hace unos cinco años. Eso quiere decir que quizá esta desconexión tampoco sea definitiva. 

En las anteriores ocasiones, regresé por dos causas diferentes: la primera, porque pertenecía a una asociación de guías que anunciaba los trabajos a través del muro de Facebook, una práctica absurda, no tuve más remedio que reactivarlo. Cuando dejé la asociación, salí de Facebook. Hace un par de años, con la segunda desconexión, regresé por la sensación de aislamiento, de estar perdiéndome algo, un comportamiento infantil por mi parte, pero esa es la realidad.

Ahora he vuelto a aburrirme de Facebook y también de Instagram. De hecho, hacía ya mucho tiempo que sentía una absoluta pérdida de tiempo el uso de ambas redes sociales. Pero estaba cursando un Máster en marketing digital y me parecía improcedente no tener un perfil personal. Al fin y al cabo, incluso teníamos sesiones monográficas sobre ambas aplicaciones. Hubiera sido parecido a estudiar matemáticas sin tener calculadora. Además, sospechaba que podía tener repercusión de cara a mi empleabilidad en el sector. Aunque salí de dudas cuando planteé la cuestión en Linkedin. Una gran parte de los marketeros (sobre todo, aquellos a los que tengo en mayor estima y respeto profesional) se posicionaron con mi idea: tener un perfil personal en las redes sociales no es imprescindible para trabajar en marketing.

Respeto lo que cada cual hace con su tiempo, porque las aficiones y los gustos son diferentes para cada persona. Pero a mí no me aportan nada Facebook ni Instagram. Por eso he cancelado mis perfiles. Y si en  el futuro vuelvo a creer que pueden aportarme algo, porque me mudo lejos de mi familia y amigos, o porque la vida me impone nuevas condiciones, no tendré reparos en volver a ambas redes.

Tampoco la desconexión es tan infrecuente. Algunas personas que admiro, en algún momento, han cerrado sus perfiles, y por cierto, acompañando su abandono con mensajes bastante contundentes:

  • Steve Wozniak: descontento con la utilización comercial de sus datos, preferiría pagar por usar Facebook y tener mayor control sobre su privacidad.
  • Elon Musk: borró las cuentas en Facebook de Tesla y Space X, aunque siguió usando Instagram. 
  • Jim Carrey: este canadiense (nacionalizado estadounidense) ya me ha sorprendido positivamente en más de una ocasión. No sólo salió de Facebook, sino que hizo campaña para que otros usuarios siguieran su ejemplo.
  • #DeleteFacebook: un movimiento que surgió tras el escándalo de Cambridge Analytics y el uso comercial e interesado de nuestros datos.

Por ahora sigo en Linkedin y Twitter. Linkedin me permite desarrollar relaciones profesionales de las que obtengo conocimiento y utilidad. Twitter me es más prescindible, pero a veces disfruto descubriendo nuevos blogs o artículos interesantes. Mientras siga obteniendo valor, seguiré activo en ellas.

Ahora bien, en mi teléfono no saltan notificaciones, así me protejo de aplicaciones que alarman, que estresan y desconcentran. Al fin y al cabo nadie se sentirá mal porque un mensaje de Linkedin tarde un par de días en ser leído. En mi opinión, si tuvieran urgencia por mi respuesta, utilizarían otro medio de contacto. 

Se trata de encontrar el equilibrio entre lo que a mí me importa, lo que me interesa, a qué quiero dedicarle mi atención, y aquello que puede resultar útil sin estresarme ni imponerme urgencias.


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