felipe cutillas turpin

Writers at Work, 9th Series

Writers at Work, 9th Series

A veces, cuando salgo de viaje, me llevo uno de los libros lejos tengo por casa. Suele ser un libro a que no le tengo mucho apego, de esa forma tras leerlo en la primera parte del viaje, puedo dejarlo abandonado en cualquier estación, Hotel, O cualquier otro lugar de paso.

El libro que para este viaje esta conmigo desde 2007. Lo compre en Maryland, en una de las rentas del saldo de una biblioteca. Me costó un dólar. Aún tiene la etiqueta marcando el precio de saldo en la portada. Es una compilación de entrevistas a escritores publicada en The Paris Review. En concreto eres el número nueve de esta serie de entrevistas tradicional del magazine literario. Dude a llevar, puesto que pensé que poco interés despertaría mi. De hecho esta fue una de las razones fundamentales, ya que pensé que no me importaría dejarla por el camino que amargo, varias entrevistas me ha interesado en gran medida. Y he subrayado varios de sus pasajes. A continuación recopiló los súper rayados con los que he marcado el libro.

INTRODUCCIÓN, por William Styron
Me sorprendió énfasis que el autor la introducción realiza sobre la avances técnicos. En concreto, sorprendió que esta alabanza al desarrollo tecnológico estuviera motivada por la cinta registradora. Según William Styron, el magnetófono ha permitido que el género de entrevista avance notablemente. En su opinión, ha sido un importante factor en hacer que las entrevistas sean más vivas y completas, con más densidad y satisfactorias.

OCTAVIO PAZ, entrevistado por Alfred Macadam (Octubre 1990)
El teléfono es el demonio del escritor, el diccionario su ángel de la guardia.
Gabriela Mistral de Chile fue el primer escritor latinoamericano, de cualquier sexo, en ganar el Premio Nobel.
Entrevistador: ¿Octavio Paz, a dónde va desde aquí?
Octavio Paz: ¿Dónde? Me preguntaba esa cuestión cuando tenía 20, y cuando tenía 30, otra vez cuando tenía 40, 50… nunca puede responder. Ahora sé algo: tengo que resistir. Eso significa vivir, escribir y mirar, como cualquier otro, al otro lado de la vida , a lo desconocido.

MAYA ANGELOU, entrevistada por George Plimpton (Verano 1990)
Angelou: he tenido una habitación de hotel en cada ciudad en la que he vivido. Alquilo una habitación de hotel por unos meses, dejo mi casa a las seis y trato de estar trabajando a las 6:30. Para escribir, me tumbo en la cama. Nunca permito a los empleados del hotel que hagan la cama, porque nunca duermo allí. Me quedo hasta las 12:30 o la 1:30 de la tarde, Y luego me voy a casa y trato de respirar; reviso el trabajo sobre las cinco; tomo una cena ordenada: una serena, tranquila, adorable cena; después regreso al trabajo la mañana siguiente. En algunos hoteles entró a la habitación y encuentro una nota en el suelo que dice, “querida señora Angelou, permítanos cambiar las sábanas. Creemos que están sucias.” Insisto en que todo sea retirado de las paredes. No quiero nada allí. Entro a la habitación y siento que todos mis pensamientos están suspendidos. Nada me ata a ningún sitio. Ni vajillas, ni floreros, nada.
Leo lo que he escrito por la mañana. Si tengo nueve páginas es posible que salve dos y media o tres.

TOM WOLFE, entrevistado por George Plimpton (17 de noviembre de 1989)
Repite en un par de ocasiones que le maravilló una biografía de Napoleón y el uso del presente histórico que en ella emplea el autor Emil Ludwig.
Entrevistador: Esto no sería una entrevista de Paris Review si no le preguntara por sus hábitos de trabajo.
Tom Wolfe: a decir verdad, siempre encontré esa una parte fascinante de las entrevistas de Paris Review. Es Ese el tipo de cosas que los escritores siempre queremos saber:¿que están haciendo tus escritores? Yo uso una máquina de escribir. Mi mujer me regaló un procesador de textos hace dos Navidades que aún me mira acusadoramente desde una mesa de mi oficina. Algún día aprenderé a utilizarlos. Pero por el momento, uso una máquina escribir. Me impongo una cuota: 10 páginas al día, triple espacio, lo que significa alrededor de 800 palabras. Si consigo acabarlo en tres horas, entonces ya complete el día. Cierro la bolsa del bocadillo y me voy a casa -esa es la forma en la que lo visualizo. Si me tomo dos horas, peor para mí, tengo que hacerlo. La idea” voy a trabajar por seis horas” no me vale.
Siempre tengo un reloj enfrente de mí. Buenos veces, las cosas están yendo mal, me esfuerzo a escribir una página en media hora. Creo que lo que escribo cuando me esfuerzo es generalmente tan bueno como lo que escribo cuando me encuentre inspirado. Es básicamente una forma de forzarme a escribir. Hay un maravilloso ensayo de Sinclair Lewis sobre cómo escribir. Dice que la mayoría de escritores no comprenden que el proceso comienza con el acto de sentarse a escribir.

MARIO VARGAS LLOSA, entrevistado por Ricardo A. Setti (1989)
Siempre trabajo por las mañanas, en las primeras horas del día, siempre escribo a mano. Esas son las horas más creativas. Nunca trabajo más de dos horas seguidas —mi mano comienza a cansarse. Después Paso a maquina lo que escrito, haciendo correcciones.
Sigo un horario muy estricto. Cada mañana hasta las dos de la tarde estoy en mi oficina. Estas horas son sagrados para mi. Eso no significa que siempre estés escribiendo; algunas veces estoy revisando o tomando notas. Pero permanezco sistemáticamente trabajando.
Trabajo cada día porque incluso si no tengo nuevas ideas, puedo usar el tiempo haciendo correcciones, revisando, tomando notas, etc.
De lunes a sábado trabajo en la novela en Progreso, Y dejo las mañanas del domingo para los trabajos periodísticos— artículos y ensayos.
Algunas veces escucho música clásica mientras tomo notas, siempre cuando no canten. Por las mañanas trabajo solo, nadie entra en mi oficina. Ni siquiera responde las llamadas de teléfono.
Es muy difícil elegir o distinguir entre lo que es importante lo lo que es secundario. La distancia hace esta distinción posible. Establecer la necesaria jerarquía entre lo esencial y lo mundano.
Una frase de Mario Vargas Llosa: “la tarea primaria no es vivir sino escribir”, recuerda a otra frase de Fernando Pessoa, poeta portugués: “navegar es necesario, vivir es innecesario”.
Cuando llegue a Europa me di cuenta de que si continuaba pensando de esa manera, nunca llegaría hacer un escrito, que el único camino era decidir oficialmente que la literatura no sería sólo mi principal preocupación, sino mi ocupación. Así es como decidí dedicarme por completo a la literatura. Y mientras no pudiera mantenerme con ella, decidí que solo aceptaría trabajos que me dejaran tiempo para escribir y que nunca se convirtieran en prioridades. En otras palabras, elegiría empleos en función de mi trabajo como escritor. Hubo un cambio psicológico.

WRITERS AT WORK
The Paris Review Interviews
Ninth Series
Penguin Books 1992
ISBN O 14 01.6684 X
ISSN 0510-9671