felipe cutillas turpin

Equívocos de destino: aparecer donde no esperabas

Equívocos de destino: aparecer donde no esperabas
El conductor del bus interno del aeropuerto de Ezeiza se ha confundido. Nos dejó a los pies de una aeronave con destino a Córdoba, a pesar de que viajo a Iguazú. Como es lógico, la confusión ha sido subsanada antes de subir al avión y he sido reconducido al correcto. Así que dentro de un par de horas aterrizaré en las Cataratas (sí, estoy escribiendo en caliente, he abierto una nota de Evernote en mi celular -modo avión- y estoy picando texto con los dos pulgares). El error que podía haberme llevado a un destino equivocado ha sido detectado a tiempo. Pero estoy pensando en todas aquellas ocasiones en que un viajero ha llegado a un lugar que no pretendía.
 
Lo más sensacional que he leído es el caso de una conductora belga que iba la estación de trenes, a 32 kilómetros de su casa, y apareció en ¡¡¡Zagreb!!! tras doce horas de conducción y atravesar tres países, ¿nada le hizo sospechar? Ella alegó que el navegador la había confundido: “Metí la dirección y después el GPS dio varios rodeos. Ahí fue cuando algo debió de salir mal”. Claro, señora, está usted disculpada, podría haberle ocurrido a cualquiera. Aunque no, era más probable que le ocurriera a ella. Recuerdo otros casos en los que el gps ha gastado malas pasadas. Casi en cada región hay un punto negro de tráfico motivado por un error de programación del navegador.
 
A veces el equívoco tiene repercusiones para muchos pasajeros, como cuando el que se equívoca es el piloto que vuela hasta Melbourne en vez de a Malasia por introducir datos incorrectos en el navegador.
 
Mi error favorito es el que acontece a viajeros despistados que compran un billete de avión para ir a Sidney, en Australia. Y se sorprenden cuando al aterrizar les recibe la bandera con la hoja de arce, ya que su vuelo tomó tierra en Sidney, Nueva Escocia, Canadá. Pero no os perdáis lo mejor, y por eso se trata de mi favorito: ante la frecuencia de turistas llegados por error a la ciudad canadiense, la autoridad local ha preparado un folleto en el que dan información de la región y les invitan a disfrutar de su estancia, aunque llegaran involuntariamente. Y algunos de estos erroturistas se marcharon encantados con sus vacaciones. ¿No te parece genial?