felipe cutillas turpin

Åndalsnes, no prejuzgues un destino sin visitarlo

Åndalsnes, no prejuzgues un destino sin visitarlo
 
Andalsnes es un pueblecito noruego de unos 2.000 habitantes. Está en lo profundo de un fiordo, no diremos que perdido de la mano de Dios porque tiene una estación de ferrocarril y una carretera lo conecta con las ciudades (Molde, con 30.000 habitantes, está a una hora en automóvil, si coincides con el ferry, o una y media si tienes que esperarlo). Pero no parece ser un lugar muy transitado.
 
Oí decir a un guía que las casas son modernas (y feas, añado yo) porque fue reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial. Me pregunto por qué. ¿Fue destruido por una catástrofe natural o por la guerra? ¿Por qué razón iba a atacarse un pueblo en mitad de la nada? ¿Acaso era un punto estratégico o un centro industrial?
 
Hoy hemos atracado aquí casi por casualidad. No estaba previsto, pero la meteorología nos obligó a cambiar el itinerario. Así que el Costa Fortuna, barco donde trabajo esta semana, se amarró al muelle de hormigón, abrió sus compuertas y la mayoría de sus 3000 pasajeros y 1000 tripulantes salieron vomitados desde sus entrañas. Intento imaginar lo que deben pensar los habitantes de Andalsnes ante semejante invasión. Durante unas horas su pueblo se llenará de italianos, españoles, franceses… sin saber a dónde ir, que no conoce nada sobre estas tierras y a los que no parece importar demasiado marcharse con el mismo desconocimiento que traían.
 
Mirando desde lo alto del barco, estos turistas parecen insectos a la búsqueda de alimento, se les ve por cualquier rincón del pueblo, caminando erráticamente. Su altura convierte a la nave en una atalaya espectacular, desde donde observo a los cruceristas, desconcertados en un lugar tan pequeño, explorando con ansiedad, tratando de encontrar alguna tienda en la que gastar unas coronas.
 
Yo pensaba bajar del barco y dar una vuelta, estirar las piernas, despejar la mente, máxime sabiendo que cuando zarpemos nos esperan 40 horas de navegación ininterrumpida. Pero no me apetece convertirme en otro insecto deambulando sin sentido. He visto que al otro lado del pueblo hay una zona boscosa que, probablemente, esté surcada de senderos. Creo que eso sí me va, ir a caminar por el campo, como William Hazlitt.
 

 
Qué distintas son las cosas de imaginarlas a vivirlas. Después de visitar Andalsnes he descubierto varios errores en lo que creía saber sobre este pueblo:
  • Su nombre no es Andalsnes sino Åndalsnes. Para nosotros puede ser lo mismo, pero en noruego se pronuncia muy diferente.
  • No es tan pequeño como parece. He pasado por una escuela donde habían más de 150 niños en el patio (eso también me hace pensar que, en Noruega, la población de los pueblos pequeños no ha envejecido como en España, donde sería un éxito que una localidad de este tamaño tuviera una escuela con más de 15-20 alumnos). Y también tiene Casa de Cultura (Kulturhus) con una biblioteca bien surtida desde donde, por cierto, me he conectado gratuitamente a internet.
  • Åndalsnes tiene una más que respetable vida comercial. Incluso hay un hotel de un tamaño considerable (Grand Hotel Bellevue, inaugurado en 1890) y un periódico (Åndalsnes Avis).
  • He disfrutado mucho del paseo. Mucho más de lo que imaginaba. Caminando sin rumbo -como los insectos que veía desde el barco pero menos errático y más decidido-, he ido más lejos de lo que los cruceristas acostumbran, precisamente con la intención de alejarme de ellos. He dado un rodeo completo al pueblo, al fin y al cabo tenía tiempo suficiente, buscando algún camino por el monte o algún sendero junto al agua. Por casualidad he encontrado una senda que me ha llevado hasta un hermoso mirador que dominaba una gran parte del fiordo. El esfuerzo físico ha sido mínimo; la recompensa visual ha sido máxima. Åndalsnes está ubicado en un precioso valle y tiene muchas caminatas para elegir. Algunas te llevarán hasta el Rauma, un río de 42 kilómetros de recorrido con gran abundancia de salmones. En el siglo XIX era un destino preferente para los caballeros ingleses que llegaban hasta aquí en barco para adentrarse en el valle y dedicarse a la pesca del salmón.
  • Finalmente, averigüé la razón por la que Åndalsnes fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial: fue destruido por los nazis. Las razones que me han dado son dos: Por un lado fue el lugar por el que huyó la familia real noruega. Llegó en ferrocarril hasta Åndalsnes (la estación de tren se había abierto en 1924) y aquí tomó un barco hasta Inglaterra, poniendo a salvo a la familia y su oro. Los nazis hicieron pagar a Åndalsnes esta afrenta. Pero sobre todo fue destruida por ser un importante nudo de comunicaciones entre el norte y sur de Noruega, por lo que los nazis cortaron la línea férrea en este punto. Hoy está completamente rehabilitada y el itinerario que sube el valle hacia Bjorli –Rauma Rail Line– ha sido elegido el mejor recorrido panorámico en tren de Europa.
 
El resultado de mi paseo me ratifica dos cosas que sé desde hace mucho:
          Todos los lugares son interesantes si sabes encontrar el interés que ofrecen.
          No des por sentado algo de lo que no estás seguro hasta que compruebes que es cierto (o no).